México es un país con alta actividad sísmica, pero no todas las regiones enfrentan el mismo nivel de riesgo. Existen cuatro zonas sísmicas clasificadas según la frecuencia e intensidad de los temblores, lo que permite entender mejor cómo y dónde pueden presentarse estos fenómenos naturales.

La Zona A corresponde a áreas con bajo riesgo, como Coahuila y Nuevo León, donde los sismos son poco frecuentes. Las zonas B y C presentan una actividad intermedia, incluyendo estados como Querétaro, Jalisco y Guanajuato. Por otro lado, la Zona D concentra los movimientos más intensos y recurrentes, destacando regiones como la Ciudad de México, Guerrero y Oaxaca.

Conocer esta clasificación no busca generar alarma, sino fomentar la prevención. Saber en qué zona se vive permite tomar medidas, identificar riesgos y actuar con mayor rapidez en caso de un sismo. En un país con estas características, la información puede marcar la diferencia.