En 1984, la NASA llevó alrededor de 3 mil abejas al espacio a bordo de un transbordador durante una misión que duró casi siete días. El objetivo del experimento era observar cómo estos insectos se comportaban en condiciones de microgravedad y comprobar si podían organizarse para construir uno de sus característicos panales.
Al principio, las abejas tuvieron dificultades para adaptarse al entorno y desplazarse sin la gravedad terrestre. Sin embargo, con el paso de los días lograron organizarse y construyeron aproximadamente 200 centímetros cuadrados de panal, demostrando que podían desarrollar esta actividad incluso en el espacio.
El experimento también dejó otro dato sorprendente: la abeja reina puso alrededor de 35 huevos durante el viaje. La investigación permitió estudiar cómo los seres vivos pueden adaptarse a condiciones completamente diferentes a las de la Tierra y aportó información sobre el comportamiento de las abejas en ambientes de microgravedad.
