La Ciudad de México enfrenta un problema que avanza lentamente, pero que cada vez genera más preocupación. Nuevos análisis satelitales realizados por la NASA detectaron que algunas zonas de la capital mexicana se hunden más de 2 centímetros por mes. Aunque este fenómeno no es nuevo, especialistas advierten que sus efectos se han vuelto más visibles con el paso de los años y ya afectan calles, viviendas e infraestructura en distintas partes de la ciudad.

La principal causa es la extracción excesiva de agua subterránea en una ciudad construida sobre antiguos lagos. Al sacar grandes cantidades de agua de los mantos acuíferos, el suelo pierde estabilidad y comienza a compactarse, provocando deformaciones y hundimientos. Como consecuencia, se registran tuberías rotas, grietas en edificios, daños en vialidades y un sistema de drenaje cada vez más vulnerable ante lluvias e inundaciones.

Expertos señalan que el problema representa uno de los mayores retos urbanos y ambientales para la capital en los próximos años. Además de los daños materiales, el hundimiento también complica el funcionamiento de servicios básicos y aumenta el riesgo de afectaciones durante temporadas de lluvias intensas. Por ello, científicos y autoridades insisten en la necesidad de mejorar el manejo del agua, reducir fugas y buscar alternativas sostenibles que permitan disminuir la presión sobre los acuíferos de la ciudad.