La vacuna contra el sarampión está elaborada con virus vivos atenuados, lo que significa que contiene una versión debilitada del virus para generar inmunidad. Por esta razón, no se recomienda su aplicación en mujeres embarazadas, ya que podría existir un riesgo potencial de transmisión al bebé a través de la placenta.

La recomendación también se extiende a personas con el sistema inmunológico debilitado, como pacientes bajo tratamientos inmunosupresores o con ciertas enfermedades crónicas. En estos casos, la indicación es evitar la vacuna y consultar directamente con personal médico.

De acuerdo con la Secretaría de Salud, si una mujer embarazada presenta síntomas compatibles con sarampión, debe acudir de inmediato a un hospital, donde existen alternativas médicas para reforzar la inmunidad y reducir riesgos.

Las autoridades reiteran que la vacunación sigue siendo fundamental en la población general, pero debe aplicarse bajo criterios médicos específicos para proteger tanto a la madre como al bebé.