Las mujeres tienen un mayor riesgo de enfrentar pobreza en la vejez, debido a desigualdades acumuladas a lo largo de su vida. Factores como menores ingresos, interrupciones laborales y la carga del trabajo no remunerado impactan directamente en su estabilidad económica futura.
Gran parte de sus recursos se destina al hogar, al cuidado de familiares y a responsabilidades domésticas, lo que limita su capacidad de ahorro y acceso a seguridad social. Como resultado, muchas llegan a la edad adulta mayor con pensiones insuficientes o sin protección económica.
Se estima que más del 60 por ciento de las mujeres mayores de 60 años no cuenta con seguridad social. A pesar de que viven más años que los hombres, esto no se traduce en mejores condiciones de vida, lo que evidencia una brecha estructural que aún persiste.
