Durante años se ha difundido la idea de que la felicidad llega al alcanzar un logro importante: una meta profesional, una relación o el éxito económico. Sin embargo, la psicología advierte que esta creencia, conocida como la “falacia de la llegada”, suele generar frustración constante.
El profesor de Harvard Tal Ben-Shahar explica que el cerebro humano se adapta rápidamente a los logros, lo que provoca que el nivel de bienestar vuelva a su punto inicial poco tiempo después. Por eso, tras la euforia del éxito, muchas personas experimentan un vacío emocional.
Los especialistas señalan que el bienestar no depende de un resultado final permanente, sino de aprender a disfrutar el proceso y aceptar que la felicidad no es un estado fijo. Entenderlo permite construir una relación más realista y sana con las metas personales.
