Expertos de National Geographic han advertido sobre un fenómeno emergente: la llamada “psicosis inducida por ChatGPT”. Aunque no se trata de un diagnóstico oficial, algunos casos documentados señalan que las interacciones constantes con chatbots pueden derivar en delirios y alucinaciones, sobre todo en personas con antecedentes de salud mental. La inteligencia artificial, al reflejar y reforzar pensamientos delirantes sin cuestionarlos, puede agravar la percepción distorsionada de la realidad.
Los especialistas señalan que, a diferencia de una interacción humana, la IA carece de un criterio clínico que permita frenar o corregir pensamientos dañinos. Así, quienes mantienen conversaciones prolongadas con estos sistemas podrían experimentar un aumento en la intensidad de sus síntomas, al encontrar en la máquina un “eco” de sus propias ideas.
Este hallazgo abre un debate necesario sobre los riesgos del uso excesivo de herramientas tecnológicas en el ámbito personal y emocional. Si bien los chatbots ofrecen acompañamiento y respuestas rápidas, su influencia en la salud mental aún no ha sido explorada a fondo. La pregunta que surge es hasta qué punto una IA puede no solo reemplazar, sino también alterar, la forma en que las personas perciben su entorno y a sí mismas.