Expertos alertan que la próxima pandemia podría no originarse en un laboratorio, sino en la destrucción de los ecosistemas. La tala indiscriminada de árboles altera el equilibrio natural y facilita la propagación de enfermedades transmitidas por insectos, como los mosquitos.

En regiones como el Bosque Atlántico de Sudamérica, la pérdida de biodiversidad ha eliminado especies que regulaban poblaciones de insectos y patógenos. Al romperse ese control natural, los virus encuentran nuevas rutas para llegar a las personas, incrementando el riesgo de brotes.

La comunidad científica subraya que la deforestación no es solo un problema ambiental, sino una amenaza directa para la salud pública mundial. Proteger los ecosistemas es también una estrategia de prevención sanitaria a largo plazo.