Un estudio publicado en la revista Scientific Reports reveló que preferir quedarse solo en casa no necesariamente es una señal de aislamiento social, sino una forma de autonomía emocional. Los investigadores encontraron que cuando la soledad es una decisión personal, puede reducir el estrés y fortalecer el bienestar psicológico, especialmente en personas mayores de 35 años.
Los resultados muestran que quienes eligen pasar tiempo a solas experimentan mayor calma, estabilidad emocional y sensación de control sobre su vida. Esto contrasta con la soledad impuesta, que sí está relacionada con tristeza, ansiedad y problemas de salud mental. La clave, señalan los expertos, está en la diferencia entre estar solo por elección y estar solo por falta de vínculos.
En un mundo cada vez más hiperconectado, donde existe presión constante por socializar, disfrutar de la propia compañía no es un problema, sino una herramienta de autorregulación emocional. La solitud consciente se perfila como una práctica saludable que ayuda a recargar energía mental y a mantener un equilibrio entre la vida social y el bienestar personal.
